El Banco Mundial🡥 elevó su previsión de crecimiento para China a 4.8 % en 2025, a pesar de los aranceles de más del 100 % aplicados por Estados Unidos hace unos meses.
Al mismo tiempo, Washington invierte 35.6 millones de dólares para quedarse con el 10 % de Trilogy Metals, una empresa canadiense que extrae minerales en Alaska.
Estos dos movimientos muestran una competencia más clara entre las potencias. Pekín busca mantener su ritmo con estímulos internos y exportaciones, mientras Estados Unidos apuesta por el control de recursos como el cobre, el zinc y el cobalto, claves para la energía y la defensa.
Desde InvertProfit analizamos cómo esta carrera económica podría redefinir el equilibrio mundial y marcar una nueva etapa de rivalidad estratégica.
Un crecimiento que sorprende al mundo
China ha resistido mejor de lo esperado. Después de meses de desaceleración, su economía logró estabilizarse gracias a estímulos fiscales y un repunte en las exportaciones hacia Asia y Europa.
Por lo tanto, el Banco Mundial espera que crezca 4.8 % en 2025, aunque la expansión podría bajar a 4.2 % en 2026 si se debilita la demanda externa.
Además, el país enfrenta el reto de controlar su deuda pública sin frenar el consumo. Aun así, sigue siendo el motor de Asia Oriental y el Pacífico, donde se prevé un crecimiento del 4.4 % este año.
La tregua arancelaria con Washington —que congela nuevos impuestos por 90 días— ofrece estabilidad temporal. Sin embargo, la posibilidad de más tensiones sigue presente.
Este escenario se vincula con los aranceles de Trump a Europa, China e India, que cambiaron las rutas comerciales y empujaron a las empresas a diversificar mercados.
Por otro lado, los recientes estudios sobre las exportaciones chinas revelan que las tensiones arancelarias siguen reduciendo el flujo de productos hacia Estados Unidos, afectando también el empleo industrial.
Estados Unidos refuerza su estrategia minera
Mientras China se apoya en el consumo interno, Estados Unidos apuesta por la minería. Con su inversión en Trilogy Metals, busca reducir su dependencia de Asia y fortalecer su propio suministro de minerales críticos.
El proyecto incluye la Ambler Road, un corredor de más de 300 kilómetros que conectará las minas de Alaska con el resto del país. En consecuencia, las acciones de la minera subieron más del 200 % en un solo día.
Para la Casa Blanca, garantizar el acceso a estos recursos es una cuestión de seguridad nacional.
Además, esta política complementa la reactivación de la industria minera y la apuesta por la energía renovable bajo la administración Trump, con el objetivo de recuperar la autosuficiencia industrial frente al dominio asiático.
Por otro lado, el acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea amplía su influencia internacional y refuerza el bloque occidental en medio de un contexto global incierto.
Dos caminos para el poder económico
China confía en la intervención estatal y el consumo interno.
Estados Unidos, en cambio, prefiere la inversión en recursos naturales y la diversificación industrial.
Aun con estrategias distintas, ambos países intentan protegerse de los choques globales.
De hecho, los aranceles aplicados en los últimos años han cambiado las reglas del comercio.
El Banco Mundial advierte que una caída del 1 % en el PIB chino puede reducir 0.3 puntos el crecimiento de Asia Oriental.
Por lo tanto, la economía mundial sigue más conectada de lo que parece.
Efectos en los mercados y las materias primas
El repunte de China y la expansión minera de EE. UU. impactan directamente en los mercados de metales industriales.
El cobre y el zinc, por ejemplo, muestran una mayor volatilidad, mientras los inversionistas debaten si se avecina un superciclo de materias primas o una fragmentación comercial prolongada.
Por otro lado, los países latinoamericanos —como México, Chile y Perú— podrían beneficiarse de una mayor demanda de minerales, aunque enfrentarán más competencia por atraer capital.
En consecuencia, la región tendrá que equilibrar sostenibilidad con desarrollo económico.
Mantente un paso adelante con InvertProfit
La rivalidad entre Pekín y Washington no solo define la política mundial: también moldea el rumbo de los mercados.
Entender cómo sus decisiones afectan los precios, las divisas y los recursos es clave para anticipar los cambios de 2025.
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